El BPI empieza a funcionar
En la década de 1920, los bancos de Wall Street habían prestado abundantes sumas de dinero a la economía alemana, llegando a crear una burbuja de crédito, y se habían establecido importantes vínculos entre los banqueros, hombres de negocios e industriales estadounidenses y sus homólogos alemanes. Como hombres de conexión importantes estaban Allan Dulles, John Foster Dulles y Leon Fraser.
Como ya se había contado en el capítulo anterior, Montagu Norman y Hjalmar Schacht explotaron el caos que rodeaba la cuestión de las reparaciones alemanas para conseguir que las primeras potencias mundiales crearan el BPI. Este banco se convirtió en un elemento fundamental de la red que refinanciaba a Alemania y que usaban, a través de los hermanos Dulles y sus amigos de Wall Street y Londres.
El 20 de enero de 1930 se creó el banco mediante la firma de los gobiernos del Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Japón y Suiza, otorgándoles una serie de privilegios extraordinarios y una protección legal muy alta. Resumiendo:
- El banco, sus propiedades y bienes y todos los depósitos y otros fondos que confina son inmunes en tiempos de paz y en tiempos de guerra a cualquier medida como la expropiación, requisición, incautación, confiscación, prohibición o restricción de la exportación o importación de oro o moneda y a cualquier otra medida similar.
- Está autorizado a
- Comprar, vender y guardar oro por cuenta propia o para los bancos centrales.
- Comprar y vender valores que no fueran acciones
- Aceptar depósitos de los bancos centrales
- Abrir y mantener cuentas de depósito con bancos centrales
- Actuar como agente o corresponsal de bancos centrales
- Llegar a acuerdos para actuar como fiduciario o agente en materia de pagos internacionales.
El banco tenía algunas restricciones pensadas para impedir que el BPI se convirtiera en competidor de los bancos comerciales. Por ejemplo, no podía emitir billetes, abrir cuentas para personas físicas y organizaciones comerciales, tener propiedades aparte de sus oficinas o sedes, o poseer una participación de control en un negocio.
Este banco no dependía de las aportaciones presupuestarias de sus miembros. Disfrutaba de un flujo de ingresos garantizado, procedente de los pagos de las reparaciones que gestionaría según el Plan Young, así como de los servicios que realizara para sus clientes, los bancos centrales.
En este banco el dinero no se movía físicamente. Cuando Alemania hacía un pago por reparaciones, informaba al BPI de que el Reichsbanck había hecho el ingreso en la cuenta del BPI. A continuación, el BPI informaba a los bancos nacionales de los países que recibían la indemnización. Estos los podían retirar. Si no, los fondos permanecían en la cuenta del BPI. Entretanto, el BPI usaba esos fondos para comprar valores que podría vender siempre que los países a los que se indemnizaba quisieran retirar sus fondos.
El primer presidente del BPI fue Gates MacGarrah, que había sido presidente de la Reserva Federal y que había trabajado en el consejo del Schrobanco, un banco especializado en inversiones en Alemania y que había tramitado préstamos según los planes de Dawes y Young.
El 19 de mayo de 1931, McGarrah presentaba el primer informe anual del BPI ante la primera Junta General, indicó que las inversiones efectuadas durante los primeros diez meses y medio de existencia del banco habían aportado unos beneficios netos de más de 11 millones de francos suizos. También indicó que los accionistas habían aumentado desde los 7 países originales a 23, incluyendo los bancos nacionales de Grecia, Rumanía, Hungría, Letonia, Lituania, Estonia, Suecia y Checoslovaquia. Estos pequeños países europeos tenían la esperanza de que participar en el BPI les aportaría estabilidad, credibilidad, una posición mejor en la comunidad internacional o incluso una defensa contra unos vecinos depredadores. Además, el propio BPI se promocionaba como depositario fiable del oro de países y además facilitaba la obtención de divisas de otros países. Por ejemplo, Grecia había tenido problemas con sus depósitos de oro. El BPI le ofreció fiabilidad de depósito y a la vez le permitía convertirlo rápidamente en otra moneda, a un tipo de cambio acordado, sin tener que pasar por una operación de compra de divisa real y, por tanto, se evitaba las comisiones correspondientes a ese cambio de divisa. El BPI ya tenía disponibles muchos tipos de monedas en sus depósitos.