El BPI en los inicios del gobierno de Hitler
Tradicionalmente, habían sido los políticos y los gobiernos, no los banqueros, los que habían llevado el mundo a la guerra. Los banqueros financiaban los conflictos de sus jefes políticos, como se les exigía. Algunos tenían la esperanza de que los banqueros formaran una hermandad mundial transnacional, unidos por vínculos comunes que trascendieran los intereses nacionales chovinistas, y que trajeran la paz. Incluso el mandato más nebuloso de cooperación entre los bancos centrales del BIP tenía sus defensores. Economistas y banqueros llevaban alegando que, conforme la economía mundial aumentaba en complejidad y los bancos centrales se volvían más poderosos, se necesitaba de algún tipo de entidad coordinadora que garantizara la estabilidad financiera. El BPI se había presentado como una institución moderna multilateral dirigida por tecnócratas financieros apolíticos que dirigirían la economía global, sin verse limitados por consideraciones políticas y que garantizarían la estabilidad financiera y proveería la paz.
Los banqueros alemanes del Reichsbank, principalmente Karl Blessing, desde el principio intentaron controlar el BPI para proteger sus intereses nacionales, captando desde el principio que, aunque el BPI se presentaba como neutral, objetivo y tecnocrático, era una institución intrínsecamente política, que se ocupaba de la culpa de Alemania en la guerra y el pago de reparaciones. Como nación mercantil que dependía de las exportaciones, para Alemania era importante la mejora de la economía internacional y así se debía cooperar con el papel del BPI de banco de los bancos centrales. Sin embargo, el asunto de las reparaciones era totalmente diferente. Blessing pedía que los funcionarios alemanes socababan al nuevo banco haciendo peticiones imposibles que agriaran el ambiente y debilitaran su credibilidad. Planteaba una forma sofisticada de guerra psicológica contra el BPI. Los banqueros alemanes debían pedir repetidamente al BPI que garantizase los créditos a la exportación para las empresas de alto riesgo, incluso cuando estaba claro que esos créditos nunca se concederían. La intención era propagar la idea de la antirreparación, haciendo perder credibilidad al BPI y, en consecuencia, al Plan Young. En 1931, Blessing dejó el Reichsbank para ocupar un puesto de alto nivel en el BPI.
Por otro lado, había una gran crisis financiera y política en Alemania. Las elecciones de 1931 dieron a nazis y comunistas un tercio de los escaños del Reichstag, lo cual hizo que el país fuera casi ingobernable. Esta inestabilidad política disparó la fuga de capitales, lo cual causó un aumento adicional del desempleo y una falta de confianza tanto en el gobierno como en el sistema bancario, lo cual llevó a más fuga de capitales, un desempleo más alto y un mayor apoyo para nazis y comunistas. En junio de 1931, el canciller Heinrich Bruning declaró que dudaba que Alemania pudiera cumplir el siguiente pago del Plan Young, pidiendo una moratoria para todas las deudas y reparaciones de guerra (Moratoria Hoover). Fue concedida con una duración de un año. Por otro lado, el Banco de Inglaterra, el Banco de Francia, la Reserva Federal y el BPI concedieron un préstamo de emergencia a Alemania por 100 millones de dólares. Sin embargo, la gestión de la crisis financiera internacional no tuvo éxito. En diciembre de 1931, el ministro alemán de finanzas indicaba al BPI que, como Alemania sufría un gran crisis, el banco debía volver a examinar toda la cuestión de las reparaciones. A mediados de 1932, los gobiernos europeos se reunían en Lausanne acordaron cancelar las reparaciones alemanas, salvo por un último pago, quedando pendientes los préstamos que Alemania había suscrito bajo los planes Dawes y Young para cumplir con dichas obligaciones. En marzo de 1933 los legisladores alemanes habían votado que la democracia dejaba de existir. La Ley de Habilitación eliminaba el derecho de los ciudadanos a la libertad de expresión, de reunión, de viaje y de protesta. Permitía la detención, la tortura y la reclusión arbitraria. Alemania era ahora una dictadura racista y el 1 de abril, las tropas de asalto nazis sembraron el caos en todo el país, cerrando con barricadas la entrada a las tiendas judías. Los primeros prisioneros empezaron a llegar a Dachau, prototipo de campo de concentración de las SS. Para abril de 1933, el terror nazi había empezado en serio. Poco después del progromo de abril Hitler le pidió a Schacht que volviera a ser presidente del Reichsbank a lo cual aceptó. En junio de 1933, Schacht les dijo a los gobernadores del consejo del BPI que estaba a favor de pagar los préstamos del Plan Dawes, pero no el del Plan Young. Los acreedores se enojaron y se convocó una conferencia presidida por Leon Fraser, presidente del BPI en la sede del Reichsbank. La reunión fue un fracaso y poco después Alemania anunciaba una moratoria total para todas las deudas a medio y largo plazo, incluyendo los préstamos del Dawes y Young. Los compromisos de Alemania eran papel mojado. Los acreedores se indignaron, pero Alemania evitó que un impago global dañara gravemente la posición y la solvencia internacionales de Alemania. En ese momento, Alemania empezó una política de autarquía económica y cerró rápidamente acuerdos bilaterales con los titulares de los bonos Dawes y Young en siete países, incluyendo Inglaterra, Francia e Italia, aunque a un tipo de interés reducido. Esto, junto con la aparición de rumores de que ciertos funcionarios del BPI aprovechaban para obtener importantes beneficios especulando con su conocimiento privilegiado junto con las grandes cantidades de dinero que manejaban, empezó a causar una situación incómoda. El propio McGarrah, debido a la importancia de los miembros involucrados en las especulaciones, procuró que el asunto desapareciera de muerte natural, de puertas afuera, y actuar solo con una investigación más a fondo de puertas adentro.
En Wall Street el ascenso de Hitler era observado con fascinación y preocupación. Por un lado, el estado ultranacionalista, con un partido único, parecía haber eliminado finalmente el espectro del bolchevismo. Pero, por otro lado, estaban en juego sumas importantes de dinero que involucraban a las compañías más poderosas de Estados Unidos, las cuales estaban profundamente entrelazadas con empresas alemanas como IG Farben. Durante toda la década de 1930, los financieros y abogados de Estados Unidos, en especial John Foster Dulles, se aseguraron de que el dinero, las materias primas y los conocimientos expertos estadounidenses fluyeran de manera constante hasta el Tercer Reich. Los nazis también les parecían simpáticos a la dirección estadounidense del BPI. McGarrah ensalzaba a la nueva Alemania. Por otro lado, pronto se movieron los hilos y se introdujo en el consejo del BPI a J. Henry Schröeder, poderoso banquero e influyente de la Alemania nazi que, entre su imperio, tenía el Schrobanco, en cuyo consejo se incorporó Allen Dulles en 1937. Von Schröeder disfrutaba de estrechos lazos personales con las más altas jerarquías del partido nazi, había ayudado a llevar a Hitler al poder y otorgaba préstamos a las empresas industriales Flich, cuyo director, Friedrich Flick inyectaba dinero al partido nazi. En enero de 1933, von Schröeder organizó en su villa de Colonia una reunión al más alto nivel donde asistieron Hitler, Franz von Papen (futuro vicecanciller de Hitler), Rudolf Hess (adjunto de Hitler en el partido nazi), Heinrich Himmler (jefe de las SS) y Wilhelm Keppler (recaudador de fondos y enlace de Hitler con los empresarios alemanes). En esa reunión, Hitler explicó sus planes de autarquía económica. El país debería ser autosuficiente, especialmente en caucho y petróleo sintéticos, lo cual sería responsabilidad de IG Farben, empresa con importante presencia en Estados Unidos.